El Evangelio de hoy nos habla,
entre varias cosas, de algo muy particular… del cansancio… (Marcos 6,30-34) y
vemos Jesús decir “venid… a descansar un poco”.
El cansancio sin duda alguna es una experiencia que hacemos muy seguido en nuestra vida. Parece raro que el mismo evangelio nos hable de cansancio, o mejor dicho nos parece raro si lo leemos con la mentalidad de nuestra sociedad que asocia el cansancio a algo negativo, algo negativo que hay que evitar y combatir.
Pero, ¿de qué cansancio hablamos?
La misma Palabra nos habla de distintos cansancios. El cansancio propio de
quien camina rumbo a construir el Reino de Dios y entonces se cansa por que “el
construir es una entrega de sí mismo” y por eso desgaste de energías. Es sin embargo
un “cansancio sano” de quien construye, de quien recorre un camino atrás del
Maestro, de quien busca una constante conversión personal. Es el mismo cansancio
que quien sabe sentía Jesús cuando pidió de beber a la mujer samaritana, o el
cansancio que Él mismo veía en los discípulos cuando les dijo “vengan a mi Uds que
están fatigados y agobiados”.
Vemos en eso entonces que el caminar atrás del
Maestro y construir su Reino es fuente de cansancio pero que al mismo tiempo es
en Jesús que encontramos alivio y paz.
Pero hay también otro cansancio
del que nos habla la Biblia, el cansancio de quien desgasta sus energías sin
rumbo, sin un proyecto, un camino, sin seguir la voz del Maestro. Es el ejemplo
del que nos habla Pablo en 1 Corintios 9, 25-26 cuando compara este caminar sin
rumbo, siguiendo distintas voces, al cansancio de “golpear al aire”
Es importante no rechazar el
cansancio sino más bien preguntarnos de que tipo de cansancio se trata, ¿con
sentido o sin rumbo…? Hay a nuestro alrededor una multitud (http://www.quierover.org/portal/watch.php?vid=dcbeb9b09)
que espera de nosotros una ayuda, una palabra, una sonrisa, una mirada silenciosa
llena de sentido…
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